Made In USA
Homenaje entre gozoso y paródico a Fuller, Ray y demás luminarias del cine negro desamparado y desclasado, Made In USA (1966) de Godard es posiblemente el primer experimiento consciente de abrumar al devenir del cine con lo que se ha dado en llamar película-cómic. Ya existía un precendente, Kiss Me Deadly, de un Aldrich pletórico, film adorado hasta la náusea por Godard en sus primeros años como crítico, cuya sombra planea en autores como Scorsese, De Palma, Boorman y los actuales Nolan, Miike y, como no, Tarantino.El cine de Godard es ante todo un cine de ideas; también de imágenes, de acuerdo, pero las primeras dominan sobre las segunda, sin cuya fortaleza no existirían. Lo preponderante en su filmografía es desbordar al espectador, al que obliga a ser activo para incorporarlo a la aristocracia de la mirada -que nadie se engañe, el obrero al que tanto defendía Godard nunca se enteró ni de la mitad del asunto-, expuesto a un maremoto de ideas ante el que resulta incómodo posicionarse.
1966 es un año de transición para el irreverente francés; aunque en él transición no significa relajación. Hasta Alphaville, su cine se caracterizaba por desglosar los géneros cinematográficos en un intento de sublimación y recreación, por emancipar la banda de música y sonido para forzar un nuevo punto de vista -a veces hasta la narración completa de otra película-, retratar los valores y preocupaciones de la juventud de su época -o eso creía él-, presentar héroes idealistas y proponer un regreso al romanticismo más descarnado. Motivos estos suficientes por los que algunos sectores le acusaban de frivolidad, artificiosidad y vacuidad.
Sin embargo, no se le puede achacar a este período estar exento de politización. Cierto es que en origen se trata de una política de base heterodoxa, pero entre tanto batiburrillo conceptual, también asomaba con frecuencia dosis de potente ideología, bien o mal asimilada, según criterios (Le Petit Soldat, Une Femme Est Une Femme, Les Carabiniers). Aunque de lo que no cabe duda es de la capacidad del aún joven director para hacer de su cine un fascinante tapiz absorbente de referencias culturales integrados a la vez en el discurso, que es su moral.
Las tres películas de ese año, Deux ou Trois Choses Que Je Sais d'Elle (según la fuente, aparece que su fecha también puede ser el 67), Made in Usa, Masculin/Feminin, lejos de abandonar en su totalidad esos estigmas particulares de esta primera etapa, los desdobla. Sus films son ahora más que nunca experiencias formales y ensayos teóricos. En ellas existen nuevos pliegues en los que se radicaliza un tanto la componente política, mostrando descontento por las acciones norteamericanas en Vietnam y criticándolo como país epítome del consumismo salvaje, en un claro acercamiento a posturas comunistas.No obstante, el comunismo y la protesta marcará en su totalidad los siguientes años, alcanzando cimas con Weekend y películas panfletos de importancia menor como La Chinoise, hasta el punto de hacer una gira para realizar una serie de películas junto al Groupe Dziga Vertov.
Pero Godard continúa durante este año su progresión acerca de la ruptura de las formas de narración clásicas, depurando al máximo la trama. A veces de forma abrupta (Made In USA, obvia influencia para la gran Point Blank de Boorman, que supera con creces a ésta, su inspiración), otras de manera más sutil (caso de la elíptica Masculin/Feminin), el lenguaje es quebrado y facilita la atomización de apuntes varios esparcidos en las películas, cada uno repleto de personajes y situaciones esbozadas con los que engrosar algunas filmografías carentes de ingenio.
La batuta de Godard organiza la enorme cantidad de elementos e información que se pasea por sus filmes en beneficio del tiempo de la mirada, que es el tiempo de la conciencia, del presente. Los planos se procuran entidad propia, autonomía plena, para ofrecer como resultado una privilegiada sucesión de imágenes con sentido acerca de un heterogéno discurso que trasmite el caos que supone vivir de lleno en la cultura pop occidental.Made In USA, sin encontrarse siquiera entre sus mejores películas de la época, expone un soberbio estilo elíptico en el que el espectador se pierde. La propia sinopsis es un ejercicio de depuración: se trata de la historia de Paula, una joven terca en busca de pistas sobre los asesinos e identidad de su amante Richard. En torno a esta premisa se establece una película plagada de nombres conocidos (Don Siegel, Richard Widmark, Mizoguchi, Dickens o Aldrich entre otros) en la que Godard interrumpe constantemente la acción, bien sea con extractos de cómic, con eslóganes, con canciones o citas, pistas de sonidos -nada nuevo, Pierrot Le Fou era esto mismo-, y música manipulada, desorientando al público y frustrando en todo momento la posibilidad de compresión de lo narrado.
Mención especial merece la bella y deslumbrante fotografía de Raoul Coutard, de colores brillantes, que refuerza esa idea de película-cómic, ayudando a Godard en la creación continua de imágenes para su ambiciosa obra de renovación de las mismas. Por supuesto, como en cada aparición que ha hecho en el cine, merece un reconocimiento aparte la excelente y bellísima actriz Anna Karina junto a todos los coloridos y bonitos vestidos que luce durante la película. Ella es responsable en gran medida de que el espectador no se irrite del todo y decida hacer otra cosa -esto, claro está, en el caso de que no soporte mucho la apuesta formal de Godard.
En 1966 sólo existía un director capaz de hacer frente al desafío de las formas y exigencias del cine de Go
dard y, en este caso específico, también haciendo referencia al imaginario colectivo de la cultura de masas, con fijación por el cómic. Vivía en Japón, no tenía el apoyo gubernamental ni de ningún tipo del francés en su país y se jugaba su oficio con cada película. Su nombre es Seijun Suzuki; Tokyo Drifter el nombre de la película. Basada en supuestos similares, sujeta a cualquier análisis estético teórico se sitúa por encima de este artefacto de Godard. Si les interesa este tipo de cine bájenla, cómprenla, hagan lo que sea para conseguirla pero veánla, seguro que no perderán el tiempo.

5 Comentarios:
Jajaja
Enorme tu conclusion, no habia pensado lo de Suzuki, estoy completamente de acuerdo contigo creo que supera a Made in USA con creces, Suzuki y Kimura en Tokio Drifter se complementan a la perfeccion, aunque Marcado para matar no le va a la zaga.
Eso si, Made In USA tambien me parece enorme, no es su mejor pelicula pero forma parte de una idea y vision del cine que se vale de un recorrido y no de una unidad, el giro linguistico que estaba llevando a cabo Godard en el cine, se adelanta a lo explicado por Kristeva mas tarde. Y si no has leido el texto de Sontag sobre la cuestion del lenguaje en sus peliculas te lo recomiendo, "Godard" en Estilos radicales.
Sí, estamos de acuerdo. Mi intención era dejar clara que aunque Made In USA no es lo mejor de Godard, sí es otro paso importante -quería destacar por encima de todo ese año, 1966, con esas tres espléndidas cintas que cito- en lo más profundo de una filmografía que, como la de tantos otros, no puede ser entendida en su magnitud sin un cierto conocimiento previo de sus inquietudes y pormenores.
Está claro que ponerse a ver Made In USA (o cualquier otra película de Godard, menos tal vez la preciosista El Desprecio) como si fuera un film desligado del resto de su contexto y obra, es muy perjudicial para el espectador.
Vamos, algo como lo que creo que pasa con Tsai Ming Liang -y otros- con el reciente estreno en España de El Sabor De La Sandia. Me parece imposible que se entienda gran cosa. Pero al menos por fin se ha estrenado algo de este muchacho, y tan contentos n_n
No conozco el texto, te agradezco la aportación y sin duda me gustaría mucho leerlo.
Un saludo!
Y sí, Marcado Para Matar -por esta me parece que le expulsaron de la Nikkatsu, y eso que le habían avisado- es otra pasada de peli, además de que no pueden entenderse la una sin la otra. Qué forma de contar las cosas y qué pedazo de final.
Miike y Kitano -aunque éste en menor medida- no serían nada sin Suzuki : D
Lo mejor de todo es que parece que a la vejez le están dejando hacer cine como le venga en gana.
Pues yo ayer me ví la peli de Wallace & Gromit y bien chula que está, ni caso a los de Miradas.
Sí, está bastante divertida con el rollo ese que tenía de homenaje a la Hammer y tal; pero lo cierto es que no está a la altura de los cortos, que son perfectos se mire por dónde se mire.
Me recuerda un poco en el tono al Baile de los vampiros de Polanski, aunque esta me gusta mucho más n_n
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