31 mayo 2006

Derrumbe generacional

En España un autor del nivel de Philip Roth no ha sido tratado con la relevancia que merece, a juzgar por la calidad de su obra. Ganador de todos los premios posibles de literatura norteamericana, desde 1992 vive dedicado en exclusiva a la creación literaria. Por eso es ahora cuando tanto talento está dando sus mejores frutos.

La trilogía sobre la sociedad americana formada por Pastoral Americana, Me casé con un comunista y La mancha humana completan el tapiz definitivo acerca de las contradicciones y progresiva irreflexión de un país -a estas altura es ya toda una civilización- que se estanca y sucumbe a sus propios valores. La prosa corrosiva pero regia del autor americano de Newark, New Jersey, deshila con melancólica aridez, mientras se mantiene plenamente lúcido, el tejido del que se compone la historia norteamericana.

Pastoral Americana rinde cuentas del conflicto generacional trazado, con especial fruición, desde la década de los sesenta. Con Vietnam de trasfondo, la obra exhibe el debilitamiento del alma
americana. La moralidad es puesta en entredicho. Principios como la decencia, el éxito empresarial, el derecho a enriquecerse, la religiosidad o el triunfo deportivo como creación continua de héroes y mitos van disipando su exclusividad para entrelazarse con nuevas creencias y concepciones que cuestionan la autoridad del patriarcado nacional conservador.


Para ello Roth se basa en su ya famoso alter ego, el narrador Nathan Zuckerman. En esta ocasión destripa la figura de El Sueco, ese típico joven triunfador que representa toda la conciencia tradicional americana, que era una deidad en su ciudad natal y que decide proseguir el negocio millonario de su padre.

Si bien la vida de El Sueco desde fuera podría calificarse como equilibrada, exitosa, más bien aburrida, metida en definitiva de cabeza en la monotonía más gris, es no obstante en su seno, ahí en lo más interno de su familia, donde aparece su hija para hacerle palidecer y resquebrajarlo por dentro sin destemplarse por fuera, manteniendo su fachada intacta. O eso cree él. Sólo alguien como Nathan Zuckerman es capaz de percibir en su gesto desdén y una cierta agitación interior que, si bien al principio vincula a la locura, posteriormente desgrana en el relato de su padecimiento, sobre el que se siente obligado a escribir.

La novela, cuyo arranque parece el de una novela agradable aunque mediada por cierta tristeza para nada violenta, desemboca en un torbellino psicológico repleto de los habituales saltos temporales de Roth, de confusión total. O más bien de incomprensión, más irracional incluso que la religión a la que se aferran algunos de sus personajes.

Las inverosímiles causas por las que mucha gente hace lo que hace, la imposibilidad del entendimiento dialéctico que siempre lleva a las interpretaciones erróneas de las que hablara Wittgenstein y el derrumbamiento total de la fe de toda una generación atravesada por el desencanto político, religioso y la liberación sexual. Todo esto y muchos puntos más –la educación, el judaísmo, datos históricos y sociales- se entrelazan en un libro que trata de examinar, huyendo del cliché, la realidad más sumergida de la vida estadounidense.

2 Comentarios:

At 22/8/06 13:09, Blogger Portorosa dijo...

En cambio, a mí no me gustó demasiado este libro. Y Me casé con un comunista lo dejé al poco de empezarlo, así que menos.
Y sin embargo, El lamento... y, sobre todo, El teatro de Sabbath me parecieron muy buenos. El segundo, en concreto, lo considero magnífico.

¿Te acuerdas de la descripción de cómo se confeccionan los guantes, y lo que hablaba del tema durante páginas y páginas? ¿No crees (aunque sé que por eso no vas a juzgar el libro entero) que es totalmente excesiva?

Un saludo.

 
At 22/8/06 13:09, Blogger Portorosa dijo...

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