25 mayo 2006

Fragmentación de la huidiza verdad

Adaptación de la novela de Russell Banks, El Dulce Porvenir es testimonio del descanso de la tragedia en un pueblo cualquiera. Más allá, es también el relato de la complejidad de la moral entrelazada con las emociones basadas en el sentimiento de culpa.

Atom Egoyan, canadiense de origen egipcio que lleva ya casi dos décadas de búsqueda de nuevas constantes con las que construir un discurso propio pero nunca hermético, consiguió con esta película la perfecta comunión de su estilo fragmentario. Para ello requiere siempre de la colaboración de un espectador activo, despierto y en continua reflexión sobre lo expuesto, sin el que su cine nunca se completaría.

No obstante, lejos de obstaculizar la narración por abuso de dicha fragmentación, en esta película se sirve con inteligencia de ella para bucear en el entramado existencial que supone la vida. Al mismo tiempo, toda ella es una forma de reclamar algo a nadie en concreto, de rendir cuentas y de justificar un resentimiento en el alma contrita de todos los habitantes del pueblo.

El mosaico narrativo que supone la película, todo un ejemplo de montaje emocional alejado de ejemplos frustrados tipo 21 Gramos, introduce un leve matiz de pesadilla que desvanece el padecimiento de realidad. De este modo, Egoyan logra el perspectivismo, un justo distanciamiento con el que intentar atrapar la naturaleza escurridiza de la verdad. El tiempo se desgaja, se confunde en la memoria e imposibilita la comprensión plena de acontecimientos que aprisionan al individuo.

El moroso arranque de El Dulce Porvenir da el tono por el que se moverá a lo largo de su metraje: suaves movimientos de cámara prodigios de composición, una fotografía admirable de colores cálidos en los interiores en contraste con la frialdad del amenazante paisaje natural y una onírica banda sonora que favorece ese distanciamiento antes citado. Además, el ritmo es tan preciso, desprende tanta musicalidad que la poética fluye sin necesidad de recargar la puesta en escena.

La película es un estado de ánimo hipnótico a través del cual Egoyan gotea sus preocupaciones acerca del ser, en continua persecución de la incontrolable verdad. El Dulce Porvenir, con su excelso guión y una estructura compleja pero asimilable, pule una historia con aristas y pliegues acerca de la moralidad, la redención y la justicia. Más que interesante estudio de la representación de las emociones por medio de la imagen.

1 Comentarios:

At 30/5/06 01:32, Blogger Martin Pawley dijo...

Genial, posiblemente la mejor película de Atom Egoyan. Desoladora y triste, tristísima, que no melodramática. Una joya.

 

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